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jueves, 17 de junio de 2010

Los Mandalas

Mandala significa círculo en sánscrito. Más allá de su definición como palabra, desde el punto de vista espiritual es un centro energético de equilibrio y purificación que ayuda a transformar el entorno y la mente. También se le define como un sistema ideográfico contenedor de un espacio sagrado. Los mandalas son utilizados desde tiempos remotos. Tienen su origen en la India y se propagaron en las culturas orientales, en los indígenas de América y en los aborígenes de Australia. En la cultura occidental, fue Carl  Jung, quien los utilizó en terapias con el objetivo de alcanzar la búsqueda de individualidad en los seres humanos. Los mandalas representan la totalidad de la mente, abarcando tanto el consciente como el inconsciente.  Las formas básicas más utilizadas son: círculos, 
triángulos, cuadrados y rectángulos.  Los diseños son muy variados, pero mantienen
 
características similares: un centro y puntos cardinales contenido en círculos y dispuestos con cierta simetría. Según
la Psicología, el mandala representa al ser humano. Interactuar con ellos te ayuda a curar la fragmentación psíquica y espiritual, a manifestar tu creatividad y a reconectarte con tu ser  esencial. Es como comenzar un viaje hacia tu esencia, te abre puertas hasta ahora desconocidas y hace que brote tu sabiduría interior. Integrarlas a tu vida te dará centro y la sensación de calma en medio de las tormentas. El trabajo de meditación con mandalas puede consistir en la observación o el dibujo de éstos. En el primer caso, con sólo sentarte en un lugar cómodo, lograr una respiración rítmica y profunda, y disponerte a observar algún mandala de tu elección, puede llevarte a un estado de relajación y te sentirás más alerta ante los hechos que suceden a tu alrededor. El proceso de observación puede durar entre tres y cinco minutos. En el segundo caso, puedes dibujar mandalas o colorearlas. Se recomienda que si estás vinculándote con estas imágenes, comiences por pintarlas. Para ello, escoge un modelo que te inspire, selecciona los instrumentos, y luego instálate en un sitio tranquilo. Puedes colocar música si lo deseas y comienza tu trabajo. Hay técnicas variadas, todo dependerá del tu estado de ánimo y de lo que el mandala que desees pintar te transmita. Este es un trabajo que puede hacer cualquier persona, sin importar su edad o religión. 
Es una práctica sencilla que redundará en beneficios personales y en la consecución del
 
equilibrio interno.
 




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Como meditar con mandalas.

Para meditar con tu Mandala, existen varias formas, de las cuales veremos dos:
En la primera basta con ponerlo en frente de ti, a la altura de tus ojos a una distancia de aproximadamente 80 cm. En un ambiente tranquilo, en completo silencio o con música relajante. Fija tu mirada en el centro del mismo pero a la vez observando el "todo", intentando pestañear lo menos posible (con la vista algo fuera de foco). Deja que tus pensamientos fluyan sin aferrarte a ellos. La persona que está meditando tiene que situarse en el centro del Mandala pensando que se relaciona integralmente con el intrincado diseño del Universo.
Al cabo de dos o tres minutos podrás observar cómo los colores y las formas comienzan a "brillar"; al continuar unos minutos más, empezarás a sentir cómo la energía actúa en todo tu cuerpo, incluso alterando estados de conciencia.
Verificarás una purificación directa a través del lagrimeo de tus ojos, debido a la fuerza de los intensos colores y de las formas.

El tiempo para meditar con tu Mandala es relativo; los efectos terapéuticos comienzan a producirse casi inmediatamente desde que tenemos un contacto visual profundo con el mismo. Sería conveniente meditar unos quince minutos diarios; cuanto más tiempo, mejores resultados dará.


Para colorear mandalas no se requiere ningún tipo de pintura especial, sirven lo mismo ceras, que lápices de colores, témperas, rotuladoras, acuarelas... cada cual elige lo que prefiera o lo que tenga más a mano.
Lo importante en este caso es el color. Ya que los que elijamos en un momento dado pueden darnos pistas sobre nuestro estado de ánimo, pero si controlamos el significado de los colores podemos elegir voluntariamente su uso para que eso determine cómo nos sintamos después de utilizarlos y contemplarlos, por ejemplo si empleamos colores cálidos estimularemos nuestros sentimientos, y sin embargo, si elegimos colores fríos servirán para tranquilizar nuestra mente. Pero esto lo explicaré más adelante con más calma.
Como ya he dicho, los colores que se elijan revelarán mucha información sobre la personalidad del pintor, así como su estado anímico, llamando la atención sobre problemas que le puedan inquietar. Esto puede parecer tonto, pero no siempre elegimos colores porque sí o en función de nuestros gustos. Además estos gustos pueden cambiar a lo largo de nuestra vida o en momentos concretos.
Es curioso como los niños resultan mucho más espontáneos, en este sentido, que los adultos. Suelen elegir colores fuertes e intensos, además expresan con más libertad sus sentimientos. Hay que tener en cuenta que los adultos estamos más dominados por la razón y tendemos a guiarnos para colorear por ciertos criterios estéticos. Lo importante es que, a pesar de mantener esos criterios estéticos, seamos libres de emplear los colores que nos apetezca en ese momento porque sí, aunque no peguen ni con cola ;) Lo normal cuando un adulto pinta por primera vez un mandala es que reprima sus sentimientos al elegir los colores.
Pero no sólo los colores que empleemos revelan nuestra vida interior, también el tipo de mandala que escojamos en cada momento para pintar y las formas que este contenga, por ejemplo si hay un laberinto nos indica que estamos en una encrucijada y buscamos la salida, si hay un pájaro nos habla de fantasías por realizar... Sin embargo, estas interpretaciones ya son un poco más complejas y relativas que lo de los colores.
Por cierto: Los mandalas no tienen por qué ser "complejos" o llenos de detalles. Algunos, siendo de lo más simples, pueden ser muchísimo más efectivos que los muy coloridos y recargados.

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